La lectura, el gran aporte de Comfamiliar para consolidar la paz en Quinchía

Sin importar el tiempo que se lleve, o el vehículo que deba utilizar para desplazarse, María José Correa Madrid, promotora de lectura de Cultura y Bibliotecas de Comfamiliar Risaralda en Quinchía, llega cumplidamente hasta los lugares más alejados de este municipio limítrofe con Caldas y Antioquia, buscando enamorar con la lectura a los estudiantes de las distintas escuelas y colegios.

Y es que a esta antioqueña, quien desde hace 6 años hace parte de la familia Comfamiliar Risaralda, a la hora de transmitir el conocimiento por medio de los libros, nada le queda grande, todas las mañanas se levanta con el objetivo de llegar hasta donde sus niños, quienes la extrañan cada vez más.

“Ir a la vereda Corozal que queda del corregimiento Irra hacia arriba es toda una aventura, hay que subir a caballo porque es muy dura la trepada y además con un poco de libros que se lleva al hombro, no lo lograríamos nunca (risas). Cuando por fin llegamos, es a trabajar todo el día porque no amerita un desplazamiento tan largo y recursos invertidos para solo una o dos horas. Pero todo esto se compensa con el cariño que nos brindan los estudiantes, y la atención que ponen a nuestras clases”, manifestó María José, licenciada en Pedagogía de la Universidad Tecnológica de Pereira, y próxima a graduarse en Psicología.

Acceso para todos

Aunque la Biblioteca Comfamiliar se encuentra ubicada en el centro de Quinchía, municipio distante a cuatro horas de la capital Pereira, quienes más se benefician de esta y sus programas son los niños y jóvenes de las 80 veredas con que cuenta la localidad, gracias a la labor de la promotora de lectura, quien continuamente llega hasta el sector rural.

“Desde que empecé a trabajar en Comfamiliar lo he hecho en el campo, los niños realmente son curiosos, muestran todavía ese asombro, a diferencia de los del pueblo que tienen la facilidad de asistir a una biblioteca, en muchas de las escuelas rurales no hay libros que ellos puedan utilizar, entonces cuando uno llega con una baraja de ofertas y de material pedagógico para que lean, el asombro y la emoción no se hacen esperar, lo reciben a uno muy bien. Lastimosamente por lo que son tantas veredas no alcanzamos a realizar varias visitas durante el año”.

Van más allá

La buena aceptación que tuvieron los programas de promoción de lectura de Comfamiliar Risaralda entre la comunidad educativa de la zona rural de Quinchía, llevaron a María José y a su coequipera Diana Marcela, auxiliar de la biblioteca del municipio, a idear un proyecto que construyera paz por medio de la lectura en territorios que antes fueron permeados por la violencia.

“Desde hace dos años venimos trabajando con el Ministerio de Cultura en el proyecto Lectura sin Fronteras por la Paz, el cual está enfocado a las veredas que fueron muy golpeadas por el conflicto armado, pero como no hay capacidad para atenderlas a todas porque son muchas, seleccionamos entre ocho y nueve por año. La estrategia ya no se queda solo en la parte de promoción de lectura, sino que trasciende porque los niños escriben un libro con historias de paz y de guerra que tuvieron en el territorio, y con eso hacen una catarsis, es sacar a flote esas experiencias reales vividas o contadas por sus padres en el municipio que fue uno de los más golpeados por la violencia en el departamento. Lo que se busca es que a través de la lectura y la escritura curen todas estas situaciones”, añadió la Promotora de Lectura de Comfamiliar Risaralda, quien también se encuentra realizando una especialización en Uso y Aplicación de Tics para la Enseñanza.

Durante este proceso de enseñanza y aprendizaje muchas han sido las historias contadas por los estudiantes, que han llegado a lo más profundo del alma de la ‘profe’ María José como la llaman los chicos, las cuales son el reflejo del conflicto armado que vivió este municipio, que afortunadamente y luego de décadas de guerra, hoy es territorio de paz.

“El año pasado uno de los niños de la vereda Súmera narró que le habían matado a los papás, que los hermanitos y él quedaron a la deriva y que luego los adoptaron en casas diferentes, una historia difícil, pero que ayuda a sacar esos sentimientos reprimidos, propios de quienes en silencio vivieron ese episodio oscuro llamado guerra”, concluyó María José Correa Madrid.

Y mientras la descendencia de paramilitares y guerrilleros, quienes alguna vez estuvieron enfrentados en Quinchía, hoy comparten aulas de clase gracias a los programas que oferta la Caja de Compensación a lo largo y ancho del departamento, María José continúa transitando con libertad, a pie, en carro o a lomo de mula, esos caminos que anteriormente eran dominados por el miedo, el conflicto y la guerra, pero que hoy ven en la lectura, promovida por Comfamiliar Risaralda, un sendero que los llevará a alcanzar la tan anhelada paz.