La historia es como una receta con paico

¿De dónde salió un plato tan original como la bandeja paisa? Pero no la bandeja paisa de las agencias de turismo, sino la de los montañeros de verdad, bandeja de fríjoles con arepa y de vez en cuando un pedazo de chicharrón. ¿Quién tuvo la suerte de descubrir la mata del paico? Esa mata que sirve para curar las lombrices, para sacar del organismo todo lo que se ha acumulado durante tantos años, oculto, fermentado en el trajín diario.

La historia tiene que ser nuestra, local, como la bandeja paisa, y también tiene que ser eficaz, como las recetas con paico. La historia debe revelarlo todo, ponerlo a la luz, traerlo ante la mirada del mundo. Eso piensa Gustavo Colorado Grisales, asesor cultural de Comfamiliar Risaralda, a propósito de los semilleros de investigación “Semillas para la Historia”, que buscan darle continuidad al proyecto “14 Estaciones”, una iniciativa emprendida hace tres años por la Caja de Compensación para conmemorar los cincuenta años de creación del departamento y los sesenta de la Caja.

En ese sentido, los semilleros se acogen a las 3 líneas que definió el proyecto 14 Estaciones, es decir, la identificación, conservación y difusión de la memoria histórica de los municipios de Risaralda. Este proyecto empezó con varias giras por todas las bibliotecas de Comfamiliar Risaralda en todos los municipios y algunos corregimientos del departamento, con actividades como “Arrímese pa’ la foto”, un evento que permitía a los pobladores recordar momentos emblemáticos de sus pueblos gracias a las fotografías de los álbumes familiares, o las presentaciones de tradición oral y cuentería del grupo “Los Resabiados”. Después, a partir de un trabajo en conjunto con la Maestría en Historia de la Universidad Tecnológica de Pereira, se publicó el libro “50/60: una historia compartida”, que recoge los vínculos de la historia de la Caja de Compensación con el nacimiento del departamento de Risaralda. Sobre esta misma idea se produjo también un documental de John Wilson Ospina, y los bibliotecarios hicieron un libro contando su experiencia en cada pueblo.

“Eso no se podía guardar ahí” explica Gustavo Colorado, “Nos preguntábamos ¿Cómo aprovechar todo ese trabajo?” Fue entonces cuando surgieron iniciativas como “Nos vemos en mi pueblo”, un trabajo documental multimedia que narra relatos e historias locales, y que se ha estado publicando en el medio digital La Cebra Que Habla y en la página de Comfamiliar, y finalmente, desde Cultura y Bibliotecas vislumbraron la necesidad de que el proceso tuviera vida propia y siguiera rodando, para que no fuera una cuestión de aficionados, de viejitos que coleccionan fotos antiguas o cuentan la anécdota de cuando se construyó este puente o se inauguró aquella iglesia. “Se pensó en la necesidad de empezar a formar esas personas en los municipios. Enseñarles cosas como dónde identificar archivos, fuentes testimoniales, cómo indagar en eso” asegura Colorado. “Los semilleros de historia son una fase de formación, de manera que puedan quedar en cada municipio unas personas con unas bases que les permitan continuar con la investigación de las historias locales”.

Los semilleros servirán para generar así un proceso de investigación y formación con los actores locales en cada municipio, proceso que el año entrante se va a plasmar en la publicación de unas cartillas recopilando los saberes locales. Se están pensando unas guías gastronómicas de cada pueblo contadas por los viejos, por los ancianos y también unas publicaciones sobre plantas medicinales.

Por eso, Gustavo insiste en la necesidad de ir a esa fuente primaria que es la memoria de los viejos, la única que permite resolver dudas y misterios para él hasta ahora insondables: “¿De dónde salió un remedio tan contundente para las lombrices como el paico? ¿Cómo lo preparan, cómo lo maceran? Es fulminante, mata hasta las solitarias… Yo viví esa experiencia de niño porque soy de una familia campesina, a mí me purgaban con paico, es espeluznante para un niño ver cómo sale de su cuerpo un animal más grande que él, la solitaria es más grande que uno, es peor que las cargas de consciencia”, concluye. La historia es como el paico, o quizá, como las solitarias.